Espectáculo lamentable
Fue vergonzoso ver cómo la, con justa causa dolorida, familia del pobre Miguel Ángel Blanco se puso en ridículo. Es muy merecida su expulsión de la sala.
Cuando los presuntos asesinos están enfrente de la Justicia, más que nunca, hay que mantener la calma, la serenidad y la decencia y dejar que las instituciones hagan su trabajo. Sin perder los nervios. Sin seguir a los que aparecían más como linchadores en potencia que como gente que "viene a apoyar a la familia".
España lleva casi cuarenta (¡cuarenta!) años viviendo la tragedia terrorista, y sólo desde hace menos de diez se habla del "espíritu de Ermua". Más vale tarde que nunca, dicen, pero yo soy de los que se siguen preguntando por qué nadie se manifestaba cuando la víctima era un militar, en activo o jubilado, o un guardia civil, o un policía nacional. Por qué no se gritó "basta ya" cuando Rafael Garrido fue asesinado junto con su esposa y uno de sus hijos. Por qué el secuestro de José María Ryan no llevó a la gente a la calle. Por qué, si todos fuimos Miguel Ángel, sólo unos pocos fuimos Constantino Ortín Gil.
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conunpar -
Anónimo -